El último caso de Teo Blas

Introducción

¿ Estás en lo que te introduzco ?

Corriendo detrás de un mantero que vendía la última de Almodovar a cinco euros , me fracturé la rodilla por cuatro sitios. Y pensar que aquel iba a ser mi último servicio como policía. La verdad no era lo que había soñado. No sé, si me dijeras que había destapado un caso de corrupción en el que el Alcalde, el concejal de urbanismo, el primo de este y la hermana del primero trapicheaban con algún constructor, pues qué quieres que te diga, me habría sentido realizado, hubiera sido el perfecto fin de mi vida profesional como miembro del cuerpo.

Los médicos me recomendaron abandonar esta tierra de frio y humedades y trasladarme al sudeste, al mediterráneo, allí -dijeron- su rodilla quizás algún día, deje de dolerle.

Es lo bueno de estar soltero, que te lías el atillo y te marchas. Y eso hice.

Con la venta de mi casa y una parcela donde cultivaba alcachofas con denominación de origen, me vine a Alicante. Me compré un pisito decente y paseo todos los días al menos durante un par de horas. Me tomo un café en el Peret, leo la prensa y veo pasar a las mujeres. Esta es mi vida ahora.  Quizás escriba mis memorias, quizás no, depende.

Eso si, he querido dejar aquí constancia por bien de los vivos, todo aquello que me sucedió desde que me asesinaron con licor de vitriolo hasta que, al fin descubrimos a mi asesino y sus motivos. Y digo descubrimos porque sin mi ayuda estos niñatos no habrían sabido por donde empezar.

Gracias por haber empezado a leer este texto.

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