Capitulo 7

Capitulo 7

 Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?

 A la vecina del tercero derecha la conocemos todos como “la mami”. Más que por su edad porque nos trata a todos, menos a Demóstenes, como si fuéramos sus hijos putativos. En una conversación ocasional de ascensor le dije que con esta vida que llevamos tan ajetreada uno había perdido la sana costumbre de desayunar como Dios manda, las prisas, ya se sabe, lo hacen todo ligero. Desde aquel día me espera a la puerta del zaguán en zapatillas de cuadros rosas, bata de felpa a conjunto y los rulos del pelo impecablemente colocados con un vaso de leche calentita con cola-cao perfectamente disuelto con esa espuma suave que queda flotando en un buen batido y , para mojar, unas porras deliciosas.

 “La mami” vive aquí incluso desde antes de que se construyera este edificio. La familia de La mami había sido la propietaria de estos terrenos durante muchas generaciones.  Mami sólo puso una condición previa a la venta; quería seguir viviendo donde siempre. Nadie pudo negarse así que se reservó el piso a derechas de la tercera planta que ofrecía una vista hacia el arbolado de pinos y abedules que bordea el río y donde , de pequeña, Mami tendía la colada sobre los juncos.

 Mami tiene dos gatos persas marrones, un perro terrier negro y un marido blanco. No se les conocen hijos pero sí sobrinos que, desgraciadamente y para su tristeza, no la visitan con demasiada frecuencia.

 Muchas veces la he imaginado hablándole a los gatos persas marrones, al perro terrier negro y al marido blanco, sentada sobre una mecedora con respaldo de mimbre y una mantita sobre las rodillas, junto a la ventana de los pinos y abedules tomando una infusión de hierbas. Nunca pude negarme a unas buenas porras.

 El científico rubio se quitó los guantes de látex y los guardó en una bolsa de reciclaje que llevaba atada a la cinta de tela de su bolsa de los Kiss. Era como un buhonero. De todas partes le pendían colgajos con cosas imagino que en algún momento útiles pero que le daban ese aspecto de un todo a cien ambulante.

 Su coche no era mucho mejor.

 Para no molestarle demasiado me dejé caer en el asiento trasero del escarabajo original de color fucsia. Conforme giró la llave del contacto comenzó a sonar la música a un volumen excesivo. “Hotter than Hell”. Mola. Me trae recuerdos de cuando fui heavy.

 He notado que de vez en cuando el científico rubio mira por el espejo retrovisor como si hubiera notado una presencia extraña, es decir, a mi. Pero no es posible. Sólo un 1,3% de los vivos puede ver a los recién muertos. Los demás son engañabobos.  Además, un científico no se dejaría engañar por algo que no puede demostrar.

 De todas formas, miraba por el espejo retrovisor de vez en cuando.

 Cuando doblamos por Urruti en dirección a Mezcal, le oí decir: “Es como si no estuviera sólo”. Estuve tentado de someterle a una muestra palpable de que existe otra vida más allá de la vida pero luego pensé que no me interesaba un policía científico distraído del caso, así que después de soplarle en el pescuezo le dejé en paz.

 Aparcó el escarabajo fucsia en la plaza 112 de la comisaría central de Puente la Reina pero se quedó en el interior del vehículo hasta que sonó el último estribillo:

 “Hot, hot, hotter than hell

You know she’s gonna leave you well done

Hot, hot, hotter than hell

She’ll burn you like the midday sun

 A mi me  han confirmado que en el infierno no hay fuego ni calores sólo una tremenda ausencia de todo. Un vacío que te aniquila. Así que ella ya podía ponerte caliente mientras estuvieras vivo porque en el infierno hace más bien un frío húmedo y, ya se sabe, lo que mata es la humedad.

 Cuántas noches de soledad soñé con una tía más caliente que el infierno que me hiciera un buen trabajito y que me dejara ardiente como el sol de mediodía. Pero eso está bien para la vida carnal, en esta en la que estoy ahora, sólo se busca compañía y en esta necesidad es mejor una buena empatía que un buen par de músculos pectorales. Ya dije antes que el tiempo y el espacio se miden aquí de forma distinta a como las medís los vivos. Aún así, casi lo primero que me dijeron al llegar aquí fue que esto iba para rato, así que buscar a alguien con empatía es una de mis prioridades.

 Espero estar aportando datos interesantes para el verdadero conocimiento de esta forma de vida que os ayuden a transitar la vuestra con mayor alegría y alboroto y no como en un valle de lágrimas como nos han hecho creer.

 Un dato más: “Los recién muertos podemos estar en dos sitios a la vez, no es la ubicuidad propiamente dicha pero si una pasada. Si no fuera así, nos aburriríamos una barbaridad”.

 Los momentos íntimos de los humanos nos están totalmente vetados y la observación de los mismos puede acarrearnos multas de hasta ocho siglos de permanencia adicional. No he conocido a nadie de entre los recién muertos que se haya atrevido a delinquir en este sentido. Mujeres y hombres no muertos, podéis estar tranquilos. Vuestras intimidades e incluso vuestros pensamientos están a salvo.

 Dirigiéndose al científico rubio alguien le grita “¡Manel!”, deduzco que ese es su nombre oficial. Manel no es nombre para un policía de la científica pero nadie elige ni su nombre y muchas veces ni su profesión.

 -El jefe ha preguntado por ti varias veces. Que pases cuando llegues.

 -Lo siento pero tengo que trabajar, dile que espere

 -Díselo tu, mamón.

 Manel se encierra en un despacho acristalado con vistas a todos los agentes. El habitáculo está plagado de ordenadores, microscopios y posters de Kiss y uno de la familia completa de Heidi incluida Clara, que adorna la puerta por dentro. Me hubiera gustado preguntarle esa curiosa admiración por la Heidi de nuestra infancia, si hubiese estado vivo.

 Los que están acostumbrados a trabajar entre muertos suelen hablar en voz alta cuando están a solas y es que el aprecio de la vida y la miseria en la que nos convertimos cuando nos hemos muerto no se asimila fácilmente por lo que la mayoría de ellos saben que más lejos o más cerca hay algo que ha dejado ese montón de carne y que sigue teniendo conocimiento y sentimientos. Es una conclusión a la que llegan, según me han contado, prácticamente todos los forenses y enterradores.

 -Veamos, amigo.  Hacía tiempo que no me tropezaba con un caso interesante como el tuyo. No hay síntomas de violencia ni hematomas premortem así que tienes toda la pinta de haber muerto mientras dormías plácidamente. Eso sí, aparentas haberte despertado con un tremendo sobresalto por lo que podría afirmar que sufriste un gran dolor repentino. Un infarto. Claro que el infarto es el causante de todas las muertes naturales y provocadas. Si el corazón deja de latir, “arrevoire” que diría Voltaire.

 -Pero estas motas de polvo amarillo alrededor de la picadura delatan al autor de tu muerte. ¿Sabes?. Los asesinos son como los escritores o los pintores. Componen un escenario, crean los papeles y luego ponen a los actores. Cuando llegamos nosotros sólo tenemos que leer lo literalmente escrito y lo que se esconde entre las líneas.

 -¡Vaya!. Me encanta esa teoría. Pero por más que pienso no llego a encontrar a alguien que quisiera mi muerte excepto El Rajao, La Cleptómana ó Demóstenes….Y quizás también un par de cientos de maleantes que metí en chirona a lo largo de mi vida de policía. Recuerdo ahora que el día dos de marzo, es decir , quince días antes de mi defunción, me llamó La Mami para decirme que alguien me buscaba.

 Tras la apariencia pacífica de La Mami, se escondía una mujer de poderío, pequeña pero de las de posguerra, hecha al sufrimiento y al aguante. A La Mami no hay quien le tosa. Sería capaz de plantar cara a los más rudos mafiosos kosovares mientras prepara un alioli.

 En una ocasión desbarató un atraco a la corsetería de Juana La Corsé amenazando al individuo con las ballenas de una faja lanzadas con unas bragas a modo de tirachinas,   mientras le gritaba: “Suelta esos sostenes y sal de aquí rápido,  antes de que me enfade”.

 El individuo prefirió la deshonrosa huída.

 -Hijo ¿en qué andas metido?. Ha venido buscándote un hombre de color

 -¿De qué color?

 -No sabría decirte, quizás marrón oscuro casi negro. Dijo que si querías seguir con las pelotas en su sitio deberías llamar a su jefe. Le he preguntado si tenías su teléfono y me ha dicho que si que ya te lo dio cuando te vino a buscar la última vez. ¿En qué andas, hijo?.

 -No te preocupes Mami, no sé a qué se refiere, probablemente se haya equivocado de persona.- ¿Quién no ha mentido piadosamente alguna vez?-

 -Pues te llamó por tu nombre y dijo que le debías no sé qué barbaridad de dinero a un tipo al que le llaman “El Roto”.

 -Será El Rajao

 -Eso.

 Ahora, repasando mis últimos días, recuerdo que aquella visita me produjo una cierta desazón. Según La Mami era un hombre de color marrón oscuro casi negro como esos que salen en la tele, bestia, muy bestia, con unos dientes blanquísimos y una boca enorme que parecía dar dentelladas mientras hablaba. Se le hinchaba la vena del cuello y era, además, un cuello enorme y duro como un tronco. Totalmente calvo, las venas se le marcaban en el cráneo como si en breves momentos unas fuentes de sangre fueran a desparramar su viscosa sangre por todo el portalillo.

 La descripción coincidía a la perfección con El Ikea, el armario negro de El Rajao. Lo contrató El Rajao al día siguiente de que yo y la barra del bar le cruzamos la cara.

 Mami, ya sé lo que quiere el negro. Quiere que le pague la operación de estética al Rajao para borrarse esa raya que le cruza la cara como el Nilo cruza África. Después de la primera visita que tuve de El Ikea, éste me convenció con sus razones y le di una cantidad como adelanto. Ahora quiere más. Pero yo, yo ya estoy muerto. ¿Podría El Ikea haber sido tan sutil matándome que ni siquiera yo, el asesinado, me he enterado?. Hubiera acabado antes golpeándome en la boca del estómago una sola vez.

 -No, no creo que fuera él.

 Esto está empezando a convertirse en una pesadilla, menos mal, me dije, que los recién muertos no tenemos pesadillas porque, entre otras cosas, no dormimos.

 -De todas formas no hay que abandonar la hipótesis de que me haya matado ese negro enorme de manos como ladrillos del quince. En cualquier caso hay que apuntarlo en la lista de posibles.

 Manel sacó de dentro de la bolsa bandolera de Kiss la bolsita de muestras con el polvo amarillo,  lo colocó sobre un portaobjetos. Luego, colocándose las Rayban en la cabeza, observó atentamente por el microscopio.

 -¡Lo sabia!.  ¡Ricina!- exclamó Manel excitado.

 -¿Cómo?. ¡No puede ser!. ¿Ricina?.

 Debe de tratarse de una prueba irrefutable porque Manel decide ponerlo en conocimiento de su superior y darle empaque al caso.

 -¿Me llamaba, jefe?

 -Si inspector Urrutia, pero hace ya tanto tiempo que no recuerdo para qué era…. ¡Ah! Si. El fiambre dormido. Quiero que este caso tome prioridad. El fiambre es un compañero de la de San Quintin, la trece.

 -¡Empecé a sospecharlo cuando vi un 38 y una placa en la mesita de noche!

 -Sin chorradas, Ridruejo, esto es serio.

 -Estoy analizando las muestras. He encontrado restos de ricina bordeando la punción de la muñeca lo cual es una evidencia más de mi teoría inicial. Al pobre fiambre lo mataron mientras dormía. Necesito que me asigne personal.

 -¡Que envidia! . Morir así debe ser un gustazo.

 -Si quiere yo puedo hacerle el favor.

 -Si quiere yo le puedo suspender de empleo y sueldo. ¿Qué personal requiere?

 -Calculo que un par de agentes, de momento, habrá que inspeccionar el escenario e interrogar a los vecinos y conocidos del fiambre.

 Desde el punto de vista de un no  muerto, llamar fiambre a un muerto es faltarle un poco al respeto pero, no sé si ya lo dije, a los recién muertos no nos afectan estos comentarios. Es más aquí a los vivos se os llama “casi muertos”, sin ánimo de ofender, claro está.

 Acaban de notificarme mi bula para poder acompañar a la policía y si ha lugar intervenir de alguna forma no estruendosa para aclarar las circunstancias de mi muerte.  Es una buena forma de aplicar los conocimientos adquiridos durante mis años de servicio en el cuerpo. Un recién muerto que no sabe de qué ha muerto está condenado a quedarse en esta otra vida un buen tiempo de ahí que entre los recién muertos sean tan populares los policías científicos y los detectives privados. Aquí se sigue publicando El Caso. No por el morbo sino porque en ocasiones aparecen casos no resueltos y alguno se puede ver en las fotos.

 -La ricina es una potente toxina contenida en las semillas de una planta llamada Ricinnus Communis que actúa inhibiendo la síntesis de proteínas al unirse de manera irreversible a los ribosomas eucariotas. Se obtiene del desecho en la fabricación comercial de aceites de ricino- dijo el científico rubio cuando caminaba a solas por el pasillo de comisaría.

 No entiendo nada de lo que ha dicho pero imagino que eso debe ser malo y doler mucho. Creo que lo mejor sería empezar por averiguar dónde puede conseguirse esa sustancia en la ciudad.

 -Habrá que intentar averiguar dónde se puede conseguir esa toxina.

 -Eso.

Cuaderno de campo

Sospechoso número 4: Yamal Ek Boloundi, alias El Ikea, alias NoKepo

Sicario brutal del sospechoso número 2.

Su método preferido de asesinato es la rotación brusca del cuello de sus víctimas, aunque en cierta ocasión acabó con la vida de un repartidor de pizzas introduciéndole por la boca y sin masticar la masa enrollada de la pizza de peperoni porque, decía, estaba cruda.

Sospechoso poco probable. Su método no cuadra con la sutileza del envenenamiento.

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