Capítulo 5

Capítulo 5

Era alto y rubio como la cerveza

Van siendo las diez y estos de la científica se hacen de esperar. Este bicho empieza a oler –Afirmó el nacional más veterano. La barriga le saltaba por el cinturón como en una desesperada huída. Probablemente si estando de pie se mirase la punta de los zapatos sólo vería el botón reventón de la camisa. El bicho oloroso debía ser mi cuerpo sin vida.

Por el talkie-walkie avisaron de que estaban subiendo. Cambio y corto.

Ya podías haber hablado antes, joder –Le increpó el otro nacional mientras se repeinaba el bigote mirándose en el espejo del armario empotrada sentado en la cama, a mi lado.

El novato cinéfilo sólo permanecía hierático y preocupado, todavía impresionado por el graffiti y su circunstancia.

Entró entonces en la habitación un joven alto y rubio como la cerveza, ataviado con unos bermudas de color caqui hasta las rodillas y unas chanclas de fuera de temporada, aunque el las llamaba de outlet. La camisa, al menos, estaba limpia y planchada, probablemente vivía sólo y una vez a la semana su madre le hacía la plancha. Tenía el aspecto de un guiri en Benidorm. La cámara réflex colgada del hombro y una bolsa de tela de los Kiss en el otro.

Mientras la cara de Gene Simmons, bajista de los Kiss, me miraba sacándome esa tremenda lengua como si se mofara de un fantasma, el científico rubio ordenó a todos que se fueran y abroncó al del bigote por haber dejado restos biológicos sobre la cama por lo que, para descartar su personalidad le pidió que abriera la boca y le metió un cepillo para muestras de Adn Mitocondrial.

De la bolsa de los Kiss el científico rubio sacó una cassette excesivamente grande que colocó sobre la mesilla, imaginé que para dictar notas de voz pero me equivocaba. Le dio al play subiendo el volumen. Fue entonces cuando empezó a sonar el tema de “killer” de los mismísimos Kiss. Me pareció poco acertado para el lugar y el momento pero al científico rubio aquello le ayudaba a concentrarse. Era un hábito que contrajo , junto con una venérea leve, en sus años de universitario. Volvió a apagar todas las luces de la habitación y cerró la ventana. La oscuridad era total, cosa que a los muertos recientes curiosamente no nos impresiona. Sacó de la bolsa de Kiss una linterna de luz blanca y potente.

Quien habrá sido el gilipollas –dijo

Lo sabía, sabía que se mosquearía –nunca mejor dicho- cuando comprobase que la incisión de la muñeca era de una picadura de mosquito y no una prueba de asesinato.

Esto es una picadura de Aedes albopictus , gilipollas. Ahora, estos roces de aquí ya no me cuadran mucho. Parecen abrasiones provocadas por alguna cuerda o cintillo para inmovilizar al individuo.

-¿Cómo?

El científico rubio hablaba en alto aunque se sabía sólo o quizás había llegado al descubrimiento de que cuando un muerto aparece,  cerca, muy cerca, se encuentra su muerto reciente.

-¿Abrasiones?

Uhmm, las pupilas dilatadas, la posición boca arriba, las abrasiones en manos y pies y estos restos de polvo amarillo bordeando la incisión pueden indicar, efectivamente que estamos en el escenario de un asesinato.

Sacó de la bolsa de los Kiss un sobre de plástico y recogió el dichoso polvito amarillo que yo no reconocí.

Llamó a los nacionales y les preguntó mientras el flash de su cámara iluminaba a centelladas la habitación. ¿Quién más ha estado aquí?.

-Sólo el juez de guardia

-¿Cual?

-El de las Converse

-Lo sabía.

Este cabronazo va dejando restos de césped artificial por donde va. Todo para que sepamos que juega al golf en su propio jardín. Este escenario está intoxicado pero creo que con las pruebas que tengo podré hacer un estudio preliminar. Avisen a la morge, este tío ya empieza a oler.

Lo siento amigo, le dijo a mi cuerpo dándole un cachete en el moflete, a ti te han hecho pupita unos niños malos pero vamos a trincarlos, tranquilo.

Realmente no era culpa del muerto. La descomposición no se puede controlar. Si hubiera sido un día normal olería a fragancia pour l’homme pero no tuve oportunidad.

El científico rubio había arruinado mi ilusión de haber muerto en paz.

Ahora tendría que acompañarlo para saber cómo discurría la investigación y poder descansar en paz. ¿Sería posible que mientras dormía alguien me hubiera envenenado?. No tengo síntomas de violencia. Pero, de ser así ¿quién y para qué?. Mi tesoro más valioso es el televisor y ya tiene diez años. Pero, según los nacionales, no había síntomas de robo ni tampoco de lucha por lo que habían descartado ya ese móvil.  La puerta no estaba forzada por lo que o bien el asesino había sido invitado por el muerto o bien tenía llave del piso.

¡Yo asesinado!. Pero si siempre fui un tipo que no le importó a nadie. ¿Qué buscarían en mí?. ¿Por qué yo?.

Tendré que pedir una bula especial para dejar de acompañar a mi cuerpo y marcharme con el científico rubio. En casos como estos los de arriba siempre te dan permiso pero la burocracia es así. No hay que dar nada por hecho ni por dicho. Redactaré la solicitud en papel timbrado, según consta en las instrucciones para estos casos. La burocracia aquí es tan absurda como necesaria. Somos muchos los recién muertos y controlarnos necesita de una maquinaria y de una estructura estamentaria digna y, en ocasiones, complicada pero es la única forma de que los de arriba sepan donde estamos cada uno de nosotros, de los recién muertos quiero decir, por si en algún momento empieza el Apocalipsis y tenemos que actuar. Todo tiene que estar sincronizado cuando se trata de movilizar a tantos.

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