Castamente tuyo


Justificación totalmente necesaria

 

No suelo publicar en este blog entradas que no salgan de mi propia industria. Para bien o para mal.

Es, por tanto, ésta la primera vez. Me decidió a ello tanto la temática como la calidad literaria del texto que reproduzco aquí y que, por motivos que expondré más adelante, lo hago sin consentimiento alguno del autor.

Otra “peculiaridad” de esta entrada es que el original está extraído, a su vez, de otro blog que por, una de esas corrientes de la navegación, me tope hace algo más de un par de meses.

Aunque el texto original está integramente en inglés aquí aparecerá en su totalidad traducido al castellano espero que para mayor comprensión y levedad de lectura.

He de dejar aquí bien claro que he intentado por todos los medios a mi alcance ponerme en contacto con el autor original de los textos pero, desgraciadamente, ha sido en vano. Valgo por tanto esta justificación para él y para el que lo lea.

Espero, sinceramente, que lo disfrutéis tanto como yo, al menos.

 

 

Publicado el Miércoles, 4 de junio de 2005:

Supongo que nunca sabré la razón
de que me ames como lo haces
Esa es lo maravilloso
Lo maravilloso de ti

The Wonder of you – Thomas Baker Knight Jr.

 

Después de todos estos años ha llegado un momento en mi vida en el que no sé a ciencia cierta si soy más yo cuando actúo o cuando trabajo tras esta mesa de despacho. Uno de los dos debo ser.

Digamos que nací siendo el de la mesa de despacho, la corbata y las gafas de pasta pero os juro que cuando suena esa música, cuando se encienden esas luces, cuando os oigo gritar por mí es cuando, realmente, me paren. Cada vez.

Antes de seguir te recordaré que debes sentirte libre, ya lo sabes, de dejar de leer este blog, nada te obliga. Realmente, a menos que tu seas ella, que lo dudo, nada de lo que aquí se dice podrá interesarte lo más mínimo. Tu a mi tampoco me importas lo más mínimo si no eres ella. Que lo sepas.

¿Aún sigues aquí?

De acuerdo, tu lo has querido.

Ella no es mi esposa, ni mi nova, ni mi amante. Exactamente ella no es nada mío. Por prohibido más que por moral, he de confesarlo. Pero ¿sabes? Hay un lugar o un estado, no sé, en el que las prohibiciones no existen, lo amoral tampoco y todo es, por fin, como debiera. Aunque se insista en la trepanación esto, que tiene el triunfo de no ser nada y, sin embargo llenarlo todo, seguirá a salvo, amoralmente a salvo, cástamente a salvo –en ocasiones- y plena y triunfalmente a salvo, bajo el yugo únicamente de las horas y de las realidades.

 

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