Bye, bye Vivaldi

Realmente esperaba que me sucediera como a Gregor, pero no fue así.

Cuando Gregor despertó convertido en un asqueroso insecto, Gregor seguía siendo Gregor. Es decir, era consciente de que era él pero convertido en un insecto. Eso fue tener suerte.

A mí no me pasó igual.

Yo amenecí un día convertido en un coleóptero y no me dí cuenta de ello hasta que la esfera de estiercol que empujaba se me hizo enorme..

Y eso fue después de varios años de recolección. Y me vino así, como una iluminación, como una revelación, nada divino y muy mundano. Me vino aquel día en que se me ocurrió mirarme al espejo. ¡Dios como odios los espejos!. Por un momento pensé, lo juro,  que aquel espejo era la ventana de un autobús y aquella cosa era un individuo que pasaba por allí disfrazado de pelotero anunciando algún tipo de insecticida.

Odio los espejos.

A mí nadie me robó el mes de abril, a mí me hurtaron todas las estaciones, con todos sus vientos, con todas sus lluvias, con todas sus playas, con todos sus vivaldis,

Y lo peor de todo es que ya fue demasiado tarde. Ya no tenía ni con quien compartir mi hermosa y esférica moñiga de estiercol.

Y eso fue todo.

 

 

Ella

Con el húmedo vértice de su lengua rosada y engañosa como la de un áspid, rozaba levemente el finísimo papel mientras miraba lenta e intermitentemente el cigarrillo que mecía entre los dedos y mis ojos.

Creí que mientras lo hacía sonreía como si supiera que era cierto que se había convertido, en ese mismo momento, en la droga más pura que yo había probado jamás.

Me prometí, entonces, como si se lo dijera, que la olvidaría cada día.

 

La sorpresa de un Kinder

Joaquín Marqués Ávila de niño coleccionaba matrículas de coches, sobres vacíos de azucarillos y los cromos de Vida y Color. Era un tipo especial, más bien raro –pensábamos todos- pero creo que era por envidia. Era buen estudiante, no sabía jugar al fútbol y era el más lento de todos a la hora de correr. Salía del colegio a las cinco de la tarde tan limpio como había entrado a las nueve. De vez en cuando jugaba a las peonzas o a las canicas pero lo suyo era sentarse con la espalda apoyada en la pared y leer los libros de la colección rtve. Los profesores alardeaban de él y con el pecho henchido la sabiduría de Joaquín la hacían suya.
Pero la vida a Joaquín Marqués Ávila no le fue bien a pesar de que se había labrado el camino al éxito seguro. Había cursado la etapa de instituto como un paseo y sus tres años de universidad fueron para él un alimento básico para su supervivencia. Acabó la carrera de Derecho en tres años y se apostó como abogado de lo civil con su despacho particular. Se le conoce algún escarceo amoroso. Tuvo una novia morena más alta que él, recién licenciada en historia. En un año acabaron sin decirse adiós. Una rubia modelo de lencería lo atrapó un viernes por la tarde durante un workshop de Woman Secret en los grandes almacenes. Cuando descubrieron que aquello no era lo suyo, él le regaló un libro y se despidió para siempre. La más trágica relación la mantuvo con aquella artista morena, pintora y escultora que había ya expuesto en varias galerías de la capital. Tenía un estudio frente al cabo y allí pintaba al óleo desnuda. Un día de octubre del 96 ella le regaló una escultura titulada “Silencio” junto a una nota que decía “que te den” Y lo dejaron.
Joaquín Marqués Ávila se aburrió de su éxito que era lo mismo que decir que se había aburrido de su propia existencia.
En Enero de 1998 me lo crucé por la Gran Vía; el iba dándole patadas a una lata de coca-cola arrugada y yo absorto en mis pensamientos (no me suele pasar pero cuando llegan los finales de mes y la cuenta del banco se pinta de rojo me entran este tipo de ausencias).
Iba yo, como digo, absorto y mirando al suelo cuando chocó con mi zapato la lata arrugada de coca-cola, le dí un zurdazo potente y la mandé a tomar por saco, de pronto, una figura casi fantasmal se me echó encima como intentando agredirme, con el brazo ya en predisposición de gancho de izquierda nos reconocimos las caras. Y de esa violenta situación pasamos a un abrazo.
Tomamos un chocolate con churros en la chocolatería Valor del centro. Estuvimos hablando de todo y de todos hasta que llegados a un punto él me confesó que a pesar de ser más inteligente que yo, más rico que yo, más guapo que yo y mucho más preeminente que yo, se había dado cuenta de que no tenía nada, que todo era una mierda y que iba a suicidarse. Sólo estaba pensando el cómo.
No me gusta la sangre ni el dolor, me decía, ¿Qué opinas? ¿Qué opciones me quedan? Tu que eres como más de pueblo llano y seguro que habrás estado en esta tesitura más de una vez.
No voy a censurar tu decisión, le dije, sabes que soy de la opinión de Cicerón por lo que hay ocasiones en las que el mismo dios que hay en nosotros y que nos prohíbe salir de la vida sin permiso otorga, excepcionalmente, la autorización necesaria.
Pero lo de Séneca –ya saben- le libró del dios y decidió aquello de “Si te place, vive; si no puedes regresar al sitio de donde viniste”.
A Joaquín Marqués Ávila, no le placía.
Joaquín Marqués Ávila llenó la bañera de chocolate a la taza templado. Se metió dentro hasta que le cubrió la cabeza. Y allí se ahogó. Al cabo de una semana la policía encontró una gran tableta de chocolate, dentro estaba Joaquín, como la sorpresa de un Kinder.

Es caprichoso el azar (gracias Joan Manuel)

-Para mi mayor hijo.-

La he visto pasear cada sábado por la calle que desciende hasta el puerto, Da igual la hora de mi salida y la de la suya pero a la altura del quiosco de flores siempre su camino y el mio se alcanzan.

Me mira como sin querer para levantar luego la cabeza y retirarse como un velo el pelo de los ojos. Luego sé que sonrie aunque ya no la puedo ver. Fabulo con ella una charla y un paseo, quizás un abrazo que daría paso a un beso y una vez acabado el preludio seríamos siempre jóvenes y enamorados como creo que deberían ser siempre los amantes.

Una vez oído el trueno del rayo de la vida, no hay tiempo de abrazos y preludios. Uno se queda símplemente atónito con el estruendo y atravesado  por ese rayo.

Vuelvo a verla tan menuda cada sábado, a la misma hora.

https://www.youtube.com/watch?v=EUkKd2gZm0E

Para fecha de caducidad mire al dorso

Sabiéndome de viejo eximido de todo juego, toda lid, de todo deseo, me resulta la vida mucho más fácil, dedicándome exclusivamente al retrovisionado y al voyeurismo.

No quiero insinuar con esto que evite un amor, más bien al contrario, digo categóricamente que odio no tener la oportunidad de evitar algún amor, sabiéndome como me sé, caducado.

Me ocurre que huyo, como muchos de vosotros, de alqo que ni siquiera me persigue.

….

 

NO SABER DE TI

Día perdido número 1

No saber de ti es como plantar, solemnemente, la bandera de tu rey en una playa de arena blanca en terra incognita, después de navegar seis meses por el Atlántico a merced de galernas, tornados, ratas y pulgas, y llegar piojoso y famélico para descubrir, tras la fronda de los cocoteros, un complejo hotelero con piscina y spa y sin habitaciones libres.

Yo no quiero ser yo

Yo no quiero ser yo. Pero desde el principio.

Tendrá que ser desde el principio porque no recuerdo exactamente cuándo dejé de ser como yo quería ser y pasé a convertirme en este que soy y al que odio profundamente, con ganas, con ansia.

Si tuviera uno de esos amigos que tiene la gente normal con el que poder hablar le pediría ayuda (F1) Más que ayuda una mano que agarrar, una piel que rozar y una cerveza con la que brindar por lo que sea. Le preguntaría muy en serio qué coño es lo que hago mal (si puediera resumirlo en una lista, claro).

¿Por qué la gente me rehuye?.

¿Por qué sólo me aprecian los que no me tratan de contínuo?

¿Qué puentes dejé caer?

¿Qué palabras no dije o cuáles dije a destiempo?

Sé a qué entierro falté pero no sé a qué muerto no respeté.

En definitiva, ¿qué música no bailé cuanto tocaba hacerlo?

¿Qué vida no he vivido y cuál he vivido sin merecerlo?

¡Jodidos puentes levadizos!

Y es que hoy es uno de esos días en los que los planetas y todos sus putos habitantes se han empeñado en joderme. Todos. Todos incluso los extraterrestes que viven de okupas radicales en mi cabeza calva. Todos ellos.

Hoy es mejor que no haga planes ni marque rumbos. Los mandaría a la mierda pero en clase bussiness.

He aquí la pista número uno para los que no supieron o no quisieron o no les valió la pena echarme una mano para salir de esto:

“Aunque parezca que no, os necesité y mucho, pero nunca supe explicarme”

Sosegaos.

Quedaos tranquilos.

Fue duro acostumbrarse, pero una vez aquí y a mi edad ninguna herida cae sobre piel y carne sana, no hay piel ni carne que no haya recibido antes otras.

Nada duele como antes, pero jode que te cagas.

En definitiva y como diría un presidente del gobierno. Una patata es una patata y un tomate es un tomate y, por lo tanto, uno que siembra patatas no puede recoger tomates por mucho que quiera comerse uno con aceite de oliva virgen a la fresca de una parra.