BURTON

La quiero tanto que un día casi se lo dije. Y es que, desde hace más de un mes, y no sé exactamente porqué, ha decidido pasar casi todo el tiempo conmigo. A solas los dos.

No sé, es como si una fuerza mayor o algún dios menor le hubiera sugerido que yo soy mejor que ese otro al que antes abrazaba y acariciaba, casi con el mismo amor con el que lo hace ahora conmigo todo el tiempo.

A veces la veo pasar largos ratos viendo fotografías antiguas de ellos dos, no sé si entristecida por el tiempo que desperdició con él o porque todavía queda algo, en algún rincón de su corazón, que alimente la duda. Luego me ve a su lado, donde siempre he estado, y me sonríe, y me acaricia, y a veces me besa, y en ese contacto de su piel se que vive la duda disipada. Soy yo y no ese otro, el amor de su vida.

Y es que, desde hace más de un mes, como si yo fuera su salvoconducto para ser feliz, salimos a pasear al azul brillante de estos días abril. Entonces se, porque es evidente, que los demás la miran con envidia, con una pizca de odio, con esa forma de mirar con la que los demás miramos a los que, sin querer, alardean de amor verdadero. Y entonces me crezco, me  hago hombre, porque se que al que verdaderamente envidian es a mi. Yo, que antes sólo era su mascota.

Diario de náufrago sin Viernes

Hay una distrancia que no cura ni previene; es una distancia que hiere y fulmina; que no se alivia con pantallas de ordenador.

Hay una distancia que es como el silencio de estos días, tan grande, que lo envuelve y lo llena todo.

Hay una distancia tan enorme y trágica como la primera herida, como el primer diluvio.

Es la distancia que provoca no saber de ti.

 

11º Día

25 de marzo, 11º día

Yo, como ente tridimensional, como cualquier otro objeto espacial, para situarme, darme sentido, razón y naturaleza necesito tres puntos de referencia. Con la ausencia de uno sola de ellos me convertiría en un pobre plano, sin más.

Mis referentes tienen nombre, fecha y hasta hora exacta de su existencia.

17/03/1990, Sábado
Este día nació ella, mi chica. Una campeona que ha entrado en la treintena en plena cuarentena. Una mujer que, aún sin quererlo, nos da ejemplo a todos, sobre todo a mí que nací con errores de fábrica y otros que amasé yo mismo.

17/04/1993, Sábado
Este día fue un gran día. Nació un hombre bueno, dispuesto siempre al abrazo y a la sonris. Un tipo genial mi hijo, modelo que debiera ser para muchos de nosotros. Yo quisiera haber sido como él.

17/03/2009, Martes, aunque debiera haber sido Sábado
El chiquitín, ¡Atención Mundo! este va a ser un hombre a tener en cuenta. Por cada uno de sus poros respira cariño y bondad. Será…, no, ES ya u gran hombre; orgullo de toda persona razonable.

Ellos tres me ayudan a situarme siempre en el sentido correcto y, enlas excasas ocasiones en la que sale algo bueno de mi es, sin duda, por ellos. Y es que con semejantes referentes uno puede ir a cualquier sitio.

A los tres le he fallado alguna vez, ya sabéis, defectos de fábrica y otros manufacturados.

No hay nada que no hiciera yo por ellos; no hay dolor que no soportaría por ellos; no existe camino que yo no tomara por ellos y de los tres guardo bajo llave recuerdos que ellos no tienen de sí mismos.

Ellos son, sin duda, el premio que me dio la vida.

Persona Fernando Moya Perez - Imagen 9999_IMG_0011 de Persona Daniel Moya Milan, Persona Beatriz Moya Milan, Persona Fernando Moya Perez

Desde entonces

En el cerro que siempre quiso ser monte, junto a las dunas fósiles que desnudaron los vientos de levante, nos enterraron a todos. Amontonados, gélidos, grotescamente abrazados unos a otros, en el desorden sucio de barros de sangre y tierras derramadas.

La noche anterior, en un camión agotado y prematuramente envejecido, la cuadrilla, esta vez armada de azadones y palas, nos llevó casi a la orilla de Los Saladares, rompieron a dentelladas la tierra pedregosa del cerro hasta abrirle una brecha profunda y ciega. Cuando acabaron, mojaron los escombros con sudores y vino rancio. Luego, el más joven, casi un niño, vomitó entrañas agrias; era su primera vez y había estado soñando con muertos los últimos días.

Aún no había vuelto el mar a su lugar cuando nos bajaron a todos del camión y nos dispusieron junto al agujero. Tras un estruendo de cascos negros y pólvoras, el pecho nos hirvió y caímos dentro.

Pero esto fue hace ya mucho, antes de que el mar se secara y el fondo reseco agotara el paisaje a ambos lados de sus ancestrales orillas. Un hedor de peces y plantas muertas convirtió aquel lugar en el mundo incierto que teniamos que habitar a partir de aquello.

Nuestros propios despojos y los vientos que traen el polen en volandas, han hecho que en esto que fue piedra, florezcan ahora estas orquideas blancas. Cuando los vientos que zarandean el mar, engendrando olas y espumas, las arrancaron de su sitio y las trajeron hasta este erial, ellas también pensaron que todo era ya inútil, que los futuros era todos imperfectos. Esas minúsculas gotas de polen no podrían soportar la sed, los vientos y las rapiñas pero, bastó sólo una pequeña hendidura en el arenal del cerro, al resguardo de todo para que, de nuevo, crecieran mirando al mar con nuestros propios ojos.

 

9º Día

Día 23 de Marzo, 9º día.

Dicen, y digo, que esa atracción que sentimos hacia los sonidos de la lluvia, ese efecto relajante que tiene sobre nosotros, esa calma, son sensaciones que nos devuelven a nuestro verdadero hogar, al primero y verdadero, que es como decir, al desinteresado amor de una madre.

He visto nacer; he visto vivir pero también he visto morir y en todos esos momentos que viví me acordé de ella. Como ahora mientras llueve.

Desde que vivo sin vivir en ella, la encuentro en todas las cosas.

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“Sombras, sólo eso”

Termino ahora de leer el libro “Todas las sombras del mundo” (Homenaje póstumo a Enrique Cerdán Tato) coordinado por Joaquin Juan Penalva y Manuel Valero Gómez.

Y cierro el libro con la sensación amarga de haber dado tierra a la memoria de un gran alicantino con una pala y un rastrillo de playa; humildemente lo digo.

SONY DSCCuando para hablar de “ti” argumento desde el “yo” estamos, de alguna manera, quitándonos el disfraz y dejando en cueros al “depredador de prestigios ajenos” que todos llevamos dentro, convirtiendo, el acto en una suerte de “velada necrofílica”.

En estos términos entrecomillados definía Enrique algún que otro acto de homenaje póstumo a Miguel Hernández y yo, con su venia, traslado a este, el suyo propio.

Enrique se merece más que esto.

Definir a Enrique Cerdán Tato como “[…] era un hombre que anhelaba el reconocimiento del público y la publicación de sus libros se lo aseguraba […] Aunque muchos lectores lo consideraron un novelista estimable, Cerdán Tato no logró alcanzar ese éxito de ventas que supone la fama para un escritor […] El éxito de público que le negó la literatura, Cerdán lo obtuvo, y en abundancia, de su compromiso social. […]a él le encantaba este papel de patriarca de la cultura”, es, sin duda, una sombra, sólo eso.

enriqueCuando se asevera que, refiriéndose al encargo de escribir el cuento infantil “El xiquet que va pescar en el mar de la tranquil.litat”, “aceptó encantado el encargo y se dispuso a escribir el primer cuento para niños de su vida literaria”, se obvia o se desprecia todo lo publicado por Enrique en la revista Idealidad. Claro que el encargo se lo hizo, claro, el que escribía esto –“desde mi puesto en la Dirección General…”- en este homenaje póstumo.

Y ya sólo digo lo siguiente:

“[…] Todo esto es cierto, como también lo es que sus para mi espléndidas novelas (casi todas las tengo dedicadas por él) que forman su currículo literario”

En este punto añado yo que, en mi afán por conocer sus novelas, las de Enrique,  caí en el vicio de visitar librerías de lance y hacerme con lo que encontraba y, casualmente, una de las que encontré así fue “Sombras nada más”, dedicada de puño y letra de Enrique al que escribía lo anterior.

Este “Todas las sombras del Mundo” se ha quedado en eso, en sombra, sólo eso.

Ay Enrique, te han escrito un homenaje unos alicantinos ¿Quién sino iba a despreciar más a otro alicantino?

Día 8º

Día 22 de marzo, 8º día

Si no me fallan las cuentas este debe ser el sexto día de mi viaje por tierras de Trieste, Sicilia y también Venecia.

De estos viajes me emocionan, dejando al margen las geografías, encontrarme, por ejemplo, a Mann en la playa privada del Hotel des Bains mientras Luchino rueda, allí mismo, el amor imposible de Gustav y el bello Tadzio. O sorprender infraganti, sobre la bahía de Trieste, al viejo Rilke escuchando en el aire los primeros versos de sus Elegías.

¡Ah! El vmuerte-en-veneciaiajar si es un placer incluso cuando uno visita el camposanto de Corleone donde deben revolverse en sus panteones de mármol los capos Totò Riina, Luciano Leggio ó Michele Navarra. Cualquiera de estos tres  harían llorar como bebes a los asesinos y sicarios de la Mafia por su sanguinaria brutalidad.

Y mientras de un sitio a otro viajo en autobuses atestados, veo por la ventanilla pasar al pobre Joyce sableando a algún conocido y, por supuesto, al maestro de Lampedusa persiguiendo al gatopardo.

Y cada noche, cuando cierro el libro, pienso en escribirle al amigo Javier Reverte y darle las gracias por hacerme viajar a todos esos lugares sin haber salido de casa.

Gracias Javi; Señor Reverte; Don Javier.

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Día 7º

Día 21 de marzo, 7º día

Hoy, sin embargo, ha venido la lluvia a darnos un concierto gratuito de finos chapoteos y ecos líquidos. Entre ellos se mezcla, entre visillos, conversaciones de otras casas que llegan si uno aguza el oído.

Cuando el coro entonó aquello de “todos los hombres somos hermanos” en el cuarto movimiento de la novena, durante las celebraciones de la caída del muro de Berlin y la apertura de la puerta de Brandeburgo, en aquellas lluviosas navidades del 89, el maestro Leonard Bernstein casi no pudo contener la emoción. Cuando todo acabó afirmó “Estoy seguro que Beethoven hubiera dado su bendición”.

Hoy, aquí, cuando todas las puertas están cerradas, cuando los muros que hemos levantado intentan repeler la pandemia, emocionado y algo aturdido, afirmo que el amigo Leonard, desde allá donde quiera que esté, golpeó suavemente el atril para dar el inicio acompasado a este concierto de lluvia, coordinando cada hilillo de gotas entre ellas, indicando airadamente el tempo, la dinámica y la impostación general de este día de lluvia.

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(fotografía del gran Chema Madoz)

 

Día 6º

Día 20 de marzo, 6º día

Y de pronto todo es silencio; profundo y premonitorio, como si la ciudad hubiera contenido la respiración y se hubiera zambullido en el mar.  No hay mirlos, no hay palomas, ni siquiera esa brisa que serpentea las madrugadas entre las hojas antes ruidosas de las tipuanas . No hay voces de gente, ni mucho menos se oyen los roces de neumáticos sobre el asfalto. No oigo ni siquiera mi respiración y por comprobar que la ciudad y yo seguimos vivos exhalo con fuerza un aire que se agazapa en mis pulmones.

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Estamos vivos

Bye, bye Vivaldi

Realmente esperaba que me sucediera como a Gregor, pero no fue así.

Cuando Gregor despertó convertido en un asqueroso insecto, Gregor seguía siendo Gregor. Es decir, era consciente de que era él pero convertido en un insecto. Eso fue tener suerte.

A mí no me pasó igual.

Yo amenecí un día convertido en un coleóptero y no me dí cuenta de ello hasta que la esfera de estiercol que empujaba se me hizo enorme..

Y eso fue después de varios años de recolección. Y me vino así, como una iluminación, como una revelación, nada divino y muy mundano. Me vino aquel día en que se me ocurrió mirarme al espejo. ¡Dios como odios los espejos!. Por un momento pensé, lo juro,  que aquel espejo era la ventana de un autobús y aquella cosa era un individuo que pasaba por allí disfrazado de pelotero anunciando algún tipo de insecticida.

Odio los espejos.

A mí nadie me robó el mes de abril, a mí me hurtaron todas las estaciones, con todos sus vientos, con todas sus lluvias, con todas sus playas, con todos sus vivaldis,

Y lo peor de todo es que ya fue demasiado tarde. Ya no tenía ni con quien compartir mi hermosa y esférica moñiga de estiercol.

Y eso fue todo.